Los que aún no han dicho que sí.
A noventa días el CRM abre la primera tarea sola: qué proveedores siguen sin contrato firmado. Cada uno vive en tu directorio una sola vez y se engancha a las bodas en las que trabaja.
El número que manda sobre todos los demás.
A treinta días se cierra la lista. De ese número dependen el catering, el mobiliario y las mesas. La pareja la mantiene desde su portal; tú ves el recuento por menú y las alergias, listo para la cocina.
El día que de verdad importa.
Es el hito duro del oficio: se liquidan los saldos y se reparte el guion. El aviso llega con nombres, no con un recordatorio genérico. Y cada pago cuenta como gasto de esa boda.
Uno por uno, y por escrito.
Una semana antes se confirman horarios con cada proveedor. Los correos salen desde tu dirección con los datos de la boda ya puestos, y quedan registrados en la ficha.
El guion que todos miran es el mismo guion.
Cada proveedor abre un enlace desde el móvil y ve el día entero con su parte destacada. Si algo cambia a las nueve, todos lo ven a las nueve y uno.
La siguiente boda empieza con una reseña.
Quince días después, el CRM te recuerda pedirla, cuando el recuerdo está fresco. Al mes, comprobar que fotos y video se entregaron.